viernes, 22 de noviembre de 2013

BARQUITO DE PAPEL CUADRICULADO

Siempre estaré agradecida a Dios por la oportunidad de haber vivido una infancia tan hermosa, llena de sueños y esperanzas, con la oportunidad de disfrutar de un ambiente natural, de tener contacto con las cosas pequeñas y sencillas, que aunque las tenemos en nuestras casas, los niños de hoy carecen de ellas por ausencia de motivación.  La lluvia fue muy importante en mi niñez. Aunque tenia mi espacio especial de juego en el jardín, los días de lluvia ofrecían la oportunidad de apoderarme de otros espacios de aquella grande y vieja casa de mi niñez. Una de mis actividades preferidas era arrancar hojas de mi cuaderno de matemáticas (la idea era que se terminara primero ese cuaderno) pues,  no me gustaban las matemáticas y quería agotar el cuaderno como una excusa. Pero sus hojas se convertían en mi barquito travieso y aventurero que navegaba en el torrente de lluvia que la calle me brindaba desde mi ventana.

Tarde de lluvia y olor a humedad
me asustaban los truenos, 
pero, más la soledad.
Abría la ventana y me sentaba en el borde
mientras mis manos doblaban el papel cuadriculado
y de ellas emanaban un barquito perfilado.

Era mío y yo su capitana
lo cargue de sueños y esperanzas
con mis pequeñas manos por la baranda de la ventana
lo solté en el torrente de agua de aquella mañana.
Lo vi alejarse calle abajo 
mientras contenía la respiración rezando para que no volcara.

¿Cuántos barquitos de papel eche a la lluvía?
¿Cuántos sueños y esperanzas se fueron en ellos?
¿Quién encontró mis barcos?
¿Quién se quedó con mis sueños?

lunes, 4 de noviembre de 2013

Niñez


Nací en una casa antigua, muy grande, la casa tenía ocho cuartos y diez ventanas que eran grandes y maravillosas, poseían un pretil para sentarme a mirar la tarde mientras caía el sol en el horizonte, una maravillosa enramada que me llevaba a un hermoso jardín interior que era mío. Era el lugar de mis juegos y sueños. El jardín poseía un aljibe que hoy podría considerarse un pequeño estanque. En el había un jazmín que perfumaba mis días. Un gran árbol de caucho que dejaba caer sus barbas y de vez en cuando me dejaba ver su liquido pegajoso y viscoso que me pegoteaba los dedos. Era un lugar hermoso, al que solía traer a mis amigos llena de orgullo, pues poseía en mejor lugar de juego de toda la cuadra. De las paredes estaban prendidos muchos palomares, tenía nueve gatos y una perra marrón con negro llamada "Cora". Las flores decoraban el jardín, las hierbas para cocinar y curar estaban por ahí. Pero yo me sentía la dueña de un lugar que aunque ahora no exista, seguirá siempre vivo en mi memoria´

Niña y Gato (Vladimir Volegov)
Tenía seis años y un gato que prefería entre todos por necio,
el se sentaba en el pretil de mi ventana, cada tarde a esperarme
cuando retornaba de la escuela y levantaba su cola como muestra de aprecio.
Tenía la nana más hermosa de la tierra que me cantaba y rezaba cada tarde el rosario,
y yo creía...en Dios y en el ángel de la guarda amigo.
Mi cielo era azul y tenía un jardín con jazmines
donde sentaba a mis muñecas para enseñarlas a leer...pienso que entonces, yo era feliz.

Era pequeña, amada y cuidada,                           no había hermanos que imitar
pero cada hora de mis días era una ocasión para soñar.
Tenía un baúl de juguetes y un reinado hecho de botones 
que organizaba en el suelo de azulejos en los momentos que la lluvia no me dejaba salir a jugar.
La ventana de mi cuarto era el mirador para mi curiosidad, 
desde allí eché mis barcos de papel que se fueron en el torrente de la lluvia.
Fue así que vi correr, pelear y crecer a mis amigos mientras el mundo cambiaba
y aun sueño, aun vivo, aun veo pasar el tiempo y pregunto:
A donde se fue esa niña...y donde se fue mi niñez.