Cerramos la puerta y atrás del umbral de aquel cuarto rosa
nos escapamos a las miradas curiosas de quienes nos veían
Eran días de fiesta, afuera lleno de voces, ruidos y alegrías
Adentro ruidos apagados por el deseo de nuestra intimidad
Y allí...en la cama, en los cuerpos, caricias de manos que espantaban la soledad.
Yo temblaba y tu me descubrías rodeándome de placer
Tuviste las caricias de mis labios
y yo...la fuerza incontrolable de tu cuerpo de hombre
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